Pregunto con asombro
si puede algo de cielo refugiarse
bajo las alas blancas de las aves.
Pregunto
por el secreto respirar
en los pistilos negros de las calles
y las sendas de la luz más leve
que eleva como un ruego la mañana.
Pregunto
el dócil tiritar del árbol,
el sagrado caudal que abre la música,
la flor del mar, los labios de tu frío.
Pregunto, al fin,
adónde va ese aire que exorciza
de la flor de tu pecho nuestro abrazo
y si puede servirle
a la lenta y terrible voz de un ángel.
Pregunto cuánta vida duerme
en el pobre prodigio de unos brazos,
en un hueco que acoge sus adioses.
Pregunto adónde,
adónde todo el aire que nos sobra,
que damos a los días sin saber,
que deja de existir entre dos cuerpos,
y que sirve, quizá,
para que exista el mundo.


Scroll al inicio