Pero aún me abriga el pírrico consuelo de mi carne.

De la lluvia. De mi yermo idioma. El consuelo
de no haber quebrado una hoja,
de no haber dejado una huella,
de no haber alcanzado nunca con mi voz de hombre
un verso que te guarde como la lluvia.
Jardín casi amorosamente oscurecido por la proximidad de la lluvia (La voz sobre las aguas)
Scroll al inicio