
Un río que fue lluvia
Pienso tu noche.
Las calles empedradas de memoria.
Tus pasos y un rumor de voz lejana.
Pienso tus labios sin calor,
los vagos cenotafios donde yazgo
que no saben mi rostro y son mi historia.
Y pienso el día exacto y cada hora,
las horas que aguardaron tu llegada.
Pienso las flores que cubrió la arena
antes de haber nacido,
tus adioses
y la superstición de algún aroma
naciendo ya sin miedo ni esperanza.
Todo el pasado.
Pienso tu cuerpo
refugiándose al manto de otras manos,
y pienso vagamente
adónde van los astros cuando callan.
Te miro.
Y pienso en este hogar bajo la sombra,
qué cosa eran los días sin tu tiempo,
qué cosa era sin nombres el ser algo,
qué verso una promesa inacabada.
Pienso tu noche.
Y a solas, sin que puedas escucharme,
digo los días.
Y mientras duermes a mi lado,
pienso la mano blanca
que busca la belleza tras la roca.
Allí te miro.
Y llamo a los ayeres
por su espera,
y llamo a mi futuro
por si vuelve.
Y llamo por tu nombre a mis destinos.

Pero nunca los huesos de las aves (Pre-Textos, 2024)